DE LA INFORMACION, DEL CONOCIMIENTO Y DE LA SABIDURIA I

 


Existe una diferencia infinita entre el error y la

verdad, porque la verdad lleva a la vida y el error

al suplicio eterno.

                                R.P. Guillaume Devillers

Una de las tenaces aspiraciones forjadas en estos tiempos es afianzar las relaciones de las instituciones educativas y/o organizaciones de bien público que se someten a la ayuda empresaria con el compromiso de adecuar la educación a esos fines meramente economicistas.  

Es menester caer en la cuenta de la amenaza que representan aquellas empresas que, movidas por “caridad”, se disponen a financiar a la Universidad.

Una de esas prácticas son los Cluster de Conocimiento que desde hace algunos años, con resultado dispar se vienen poniendo en práctica en el mundo entero.

Un Cluster de Conocimiento es un NODO de conocimiento que involucra no solo conocimiento, sino formación de profesores, generación de contenidos de investigaciones propias, etc. Por ejemplo, si fuese un cluster de conocimiento económico, el mismo tendría como objetivo lograr el compromiso de las instituciones y de los agentes económicos con la finalidad de transmitir a su tejido o racimo (de ahí el término cluster) empresarial la necesidad de alcanzar mayores cuotas de competitividad.

Siguiendo los lineamientos de la filosofía escolástica, deducimos que a través de este proyecto se alían conocimientos que son exclusivamente de carácter económico intentando mancomunar las entidades educativas con los agentes económicos. Su objetivo es lograr mayores cuotas de competitividad. 

Es menester definir que significado tiene la competitividad dentro del marco de una económica orgánica e inorgánica.

En este campo limitado de la vida social, esos conocimientos incorporados, exclusivamente económicos, son autónomos y fragmentados por partir específicamente de las relaciones económicas (metodología aplicada originariamente por Smith, Ricardo, Keynes, Samuelson y luego perpetuada por muchos como Friedman, Fisher y tantos otros).

La fragmentación es la esencia que define a la impronta globalista y por ende su fin es individualista.

Desde luego, la educación pasa a ser un medio a los fines de los objetivos específicos de las empresas (economía inorgánica).

Y esa competitividad definida en estas circunstancias sería la capacidad que tiene una empresa de obtener rentabilidad en el mercado en relación a sus competidores.

Esta concepción ética y económica define un concepto esencial en el ámbito económico: las relaciones económicas confluyen a través de la concurrencia.

Es una economía de integración (en términos geopolíticos de dependencia) su finalidad avara es operar sobre la función de producción adhiriendo a la eficiencia técnica (la mayor producción posible), a la eficiencia económica (al más bajo costo), pero omitiendo aviesamente la eficacia moral (la mayor cantidad de hombres posibles).

Esto deriva irremediablemente en una competitividad inorgánica, utilizando el máximo de recursos naturales (sin respeto por el cuidado de los mismos, y ¡el medio ambiente!), tecnología y capital al máximo (causa originaria del deterioro del medio ambiente) y abandono de la premisa fundamental de que el hombre debe ser el centro de la creación.

Esta concepción, que rechaza la eficacia moral no tiene en cuenta tres principios aplicables a la producción y distribución de riquezas que conllevan a la existencia de una economía justa: 1. El principio de la distribución:  significa que entre todos los que participan de la producción de la riqueza, cada uno debe recibir una parte proporcionada al valor de la contribución que hizo para la producción de esa riqueza; 2. el principio de participación: implica que todo hombre tiene derecho natural a la vida, a consecuencia del cuál tiene derecho a preservar y mantener su vida por todos los medios legítimos, incluyendo el derecho de obtener su subsistencia, produciendo riqueza o participando en su producción y 3. el principio de limitación: desde que todos tienen derecho a la propiedad de los medios de producción suficiente para ganarse la vida, ninguno debe tener un derecho tan extenso que excluya a otros de la oportunidad de participar en la producción, hasta un punto que haga posible ganar para ellos mismos un ingreso viable.

Al ser la especificidad de la economía lo autónomo, la integración (que engendra dependencia) es su impronta,  el egoísmo es su espíritu y el lucro es su colofón. Su itinerario va del hombre al Estado en el capitalismo liberal, o del Estado al hombre en el capitalismo colectivista,  ambos depositarios del materialismo inagotable. 

Disecar, separar, fragmentar las actividades humanas representan un objetivo innegociable para poder, en el ámbito económico, estandarizar los procesos productivos, priorizar el capital, destruir el medio ambiente y precarizar al hombre sintetizando un plan siniestro de dominación y servilismo.

La educación debe estar al servicio de sus legítimos fines que ennoblecen la vida del hombre, preparándolo para una vida digna sustentada en el conocimiento de la verdad, y poder desterrar, en consecuencia, todo atisbo de servilismo.

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