CONSUMOPATIA I

 

Si bien la consumopatía es una versión actual del consumismo, el origen del consumismo se remonta al empiece del capitalismo.

Es la consecuencia de una  concepción  moderna del hombre. Como dice Meinvielle, para que el hombre sea un animal consumidor, debe ser considerado como un  concreto de pura materia sujeto a las leyes de la mecánica, debe estar dotado como la materia de una movilidad continua; porque el movimiento local, transeúnte, que dicen  los escolásticos en contraposición al inmanente, y que el hombre moderno llama actividad, energía, dinamismo, es consecuencia inevitable de la materia.

El consumismo surge de una economía invertida (capitalista), exhibida como una ciencia irrefutable, que pone como símbolo excluyente de sus desvelos el lucro.

El consumo desmedido, exagerado, desatinado, suntuoso se convierte en el becerro de oro. Si se logra incrementar el consumo (en bienes superfluos y elaborados esencialmente por  emporios multinacionales), se incrementa el comercio, la industria viene luego avanzando con su bagaje interminable de tecnología, y por último, el gran beneficiario del banquete: las finanzas que proveen – a su antojo – el dinero, elaborado de la nada.

En síntesis, es una economía invertida, pues es infinita ante un hombre finito, es dinámica ante un hombre estático, Una economía del lucro junto al hombre que es un ser de consumo. Suprimiría el consumo si conviniese para el lucro, lo aumentaría hasta el infinito si el lucro lo exigiese.

Ahora bien, la crisis provocada y causada por los centros financieros internacionales, puede ser el detonante definitivo del fin de la era del consumo.

Cuando la caída del consumo afectaba a la clase media de países del tercer mundo de Europa y Estados Unidos todo parecía normal, cuando afectó a los países marginales de Europa todo siguió con indiferencia y desprecio hacia quienes perdían sus niveles relativos y aceptables de vida.

Pero, ahora, despiadadamente la crisis ataca a los países más desarrollados y lo más revelador es que para estos pueblos el consumo no es solo la satisfacción de necesidades materiales. Se enraíza en la propia filosofía de vida, el sistema de valores se apoya en esta degradación humana.

Cuando se consume no se paga exclusivamente por el bien, sino sobre todo por el sentido de pertenencia, por divinizar la imagen al consumir bienes y servicios endiosados por el martilleo de la publicidad.

Marina Voskanyan advierte que el mundo moderno sin anuncios, comercios y centros de entretenimiento asustaría al hombre corriente moderno de la misma manera, como la desaparición súbita de todas las catedrales y sacerdotes asustaría al hombre medieval promedio.

Es tal la omnipotencia del credo al consumismo, que su derrumbe produciría un daño mayor que cualquier otra pérdida.

Construimos el mundo procurando acceder al éxito y de ahí al consumo indefinido que nos permite acceder a una felicidad individual. Esta se logra consolidando su autoafirmación como ser humano elegido, no a través de las riquezas sino por medio del consumo.

En este círculo diabólico es imposible acrecer las ganancias, sino se consume más y más; y para ello es conducente crear de la nada necesidades, contando con la colaboración intrigante de la publicidad y los medios masivos de comunicación.

Pero queda aún otro engarce en este círculo pérfido, cuando las necesidades se inventan pero el consumo no crece, aparece la tentación de créditos baratos y aprovechables.        

El hombre de clase media es el más viable de persuadir y llega a entender que usted puede permitirse el lujo es el eslogan suficiente para creer que es más conveniente comprar con deuda que hasta poseyendo el dinero.

 Estas ideas pergeñadas hace una década, no hacen más que convertirse en realidad en forma contundente con el gran reseteo, a través del cuál quieren esclavizar a toda la humanidad

17.11.21

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